El ex Presidente argentino que ayudó en el terremoto del 77´

Arturo Illia se instaló en Caucete tras el sismo y como era médico, colaboró en el hospital departamental y atendió gratuitamente. A 40 años de aquel desastre, nuestro modesto aporte.
El terremoto de 1977 generó una ola de solidaridad argentina. Tal como pasó en 1944, médicos de distintos puntos del país vinieron a asistir a los heridos, la mayor parte de Caucete, epicentro del sismo.
Entre esos profesionales de la salud se encontraba un ex Presidente, el radical Arturo Illia quien estuvo poco más de un mes prestando sus servicios gratuitos. Illia llegó en colectivo para ayudar a los cauceteros, vino por cuenta propia para colaborar con los heridos estuvo en el hospital de Caucete y adonde le pedían asistencia, iba. Nahuel Ibazeta, militante radical, contó una anécdota de Illia en San Juan: “Cuentan los correligionarios de Caucete, que días después del terremoto que sacudió esa Ciudad, un buen amigo del partido llegó corriendo a la casa en donde los radicales cauceteros se habían concentrado para colaborar con las víctimas del sismo.
Aquel amigo, había llegado casi sin aliento de tremenda corrida que tuvo que emprender para dar semejante noticia. Ni bien tomó aire, logró exclamar “¡Don Arturo!” y en el silencio trataba de recuperar mas aliento, “Don Arturo ¿qué?!” respondieron casi al unísono los correligionarios que intentaban en vano anticiparse a la noticia, “Don Arturo está en Caucete, lo vieron bajar del colectivo que viene de la Ciudad y dicen que anda por acá. En medio del asombro, atinaron a organizarse en grupos para salir en su búsqueda, algunos fueron a la municipalidad, otros a la comisaría, el resto organizó un recorrido por las radios del lugar con la esperanza de que estuviera siendo entrevistado en alguna de ellas.
Pasadas las horas, volvieron frustrados sin noticias del paradero de Don Arturo y quizás pensando que aquella persona que bajó del colectivo, no era más que alguien a quien se le parecía. Un rato más tarde, llegó una nueva noticia, habían visto a Don Arturo en el hospital de Caucete, sin dudar un sólo segundo, todos emprendieron la marcha para ir a su encuentro. La comitiva emocionada entró en el nosocomio y allí estaba, de guardapolvos arremangados atendiendo pacientes, el silencio los invadió, ¡que sorpresa! al final era verdad, el Doctor Arturo Illia estaba en Caucete. Entre codazos cómplices y empujones tímidos para ver quien se animaba a hablarle, uno de ellos exclamó “Don Arturo, somos radicales de Caucete, nos había llegado el rumor de que estaba en la ciudad, pero nos costaba creerlo, no sabíamos que podíamos encontrarlo en el hospital. ¿Cómo no nos avisó antes así organizábamos algo?”, la respuesta fue conmovedora, “Amigos, no he venido a cumplir funciones para el partido, vengo como médico a colaborar con la ciudad afectada, no los he querido molestar, así que no se hagan problemas, yo estoy bien acá”. A la respuesta le correspondió la insistencia y ante tanta, el Doctor Arturo Illia accedió a “picar” en la noche con quienes pretendían el rol de anfitriones. Ésa noche se lo vio llegar al lugar del encuentro, acompañado por quienes habían tenido la fortuna de ser designados en ésa tarea, vestido humildemente, aún con el guardapolvos puesto, con un pequeño maletín en manos. Inevitable fue preguntarle los detalles de su viaje y que compartiera anécdotas. Resultó ser que había llegado ésa mañana a la Ciudad de San Juan y sin pensarlo más se subió a un colectivo urbano que une la Ciudad Capital con Caucete, contó que el colectivo venía lleno, por lo cual tuvo que viajar parado y que una de las mejores cosas que le había pasado en el mismo, fue que pasado un rato de que la unidad emprendiera su marcha, notó que un hombre le había fijado la mirada, dudando quizás si era o no el Doctor Illia, al rato se levantó ese hombre de su asiento y le dijo “Por favor Presidente, tome asiento”, Don Arturo sintió satisfacción por haber sido reconocido por aquel pasajero que amablemente le ofreció sentarse en su lugar. Llegado a Caucete, pidió que se le indicara la dirección del hospital, para ponerse a disposición de las víctimas del terremoto.
Su estadía en la ciudad se prolongó durante varios días, por un lado él no quería ser una molestia para los radicales del lugar, por otro, los correligionarios cauceteros procuraban que no le faltase nada”.
La anécdota es repetida por los más antiguos afiliados al partido, personalmente la he oído muchas veces sin juzgar nunca su veracidad, porque es de público conocimiento ese carácter que demostraba el Dr. Arturo Illia.



