Estonia y un caso argentino que ilustra

La posibilidad de una «libertad geográfica» es uno de los tantos conceptos singulares que ofrece Estonia. Libertad para que sus ciudadanos operen con el Estado y empresas desde cualquier parte del mundo, donde quieran y cuando quieran y que cualquier ciudadano del resto mundo, pueda ser «ciudadano digital» de Estonia. La idea surgió en 2014 con la finalidad de ser una sociedad sin fronteras y permitir a cualquier persona ser residente virtual del país más digital del mundo como lo es Estonia. Aunque ya han expedido 30.000 identidades digitales, todavía están muy lejos de los 10 millones que esperan para 2025. El documento digital que emite el Estado estonio y cuesta 100 euros, es un instrumento creado para gestionar un negocio internacional de forma sencilla y sin necesidad de pisar Estonia. No es un pasaporte, pero sirve para «hacer negocios» con menos trabas. Los solicitantes proceden mayormente de Europa, pero también hay muchos latinoamericanos y claro, también algunos argentinos.
Carlos Miceli, fundador de la Escuela de Nuevos Aliados, fue uno de los primeros argentinos en sacar su documento digital estonio. Como emprendedor, trabaja con Start-ups en el país nórdico y con su documento digital ha abierto una empresa online, o sea una cuenta bancaria desde su móvil en bancos sin sucursales físicas (ninguna) y así, trabajando desde un bar, pudo firmar de manera digital contratos en las plataformas que provee el gobierno.
Estonia es la cuna de Skype, tiene un gobierno basado en la tecnología, robots-delivery y elecciones online integran el paisaje del primer país que incluyó internet como derecho humano básico. Hoy es el mayor laboratorio del futuro del mundo. En Tallin, la capital de este país que se asoma al mar Báltico entre Finlandia y Rusia, nació Skype. Uno de los creadores de Skype, Ahti Heinla, es el cofundador de la empresa Starship, que produce robots para entregas a domicilio: «Si miramos películas de ciencia ficción situadas 20 años en el futuro, ya no se ven personas que carguen sus compras». Tiene wifi gratuita desde hace 15 años. Al nacer, cada persona recibe un número de identificación único de 11 dígitos, que será la clave básica para todas las actividades de su vida. Los niños aprenden a programar en la escuela. Estonia fue la primera nación que declaró que el acceso a internet es un derecho humano básico, en 2000. Y desde ese año, cuando las firmas electrónicas consiguieron el estatus de las de tinta, se creó un sistema social completamente digital. Si bien no es necesario trasladarse físicamente a Estonia para hacer negocios, en verdad vale la pena conocer esta nueva república nórdica que recientemente se liberó del yugo soviético y empezó a mostrar su modernidad, con la digitalización en la cima del mundo, con elecciones con voto electrónico y sin salir de su casa, conjugando construcciones medievales muy bien conservadas con edificios de élite, integra la Unión europea y la OTAN, con su capital Tallin que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, con una economía pujante y desarrollada, con los más altos estándares de calidad y como si fuera poco para nosotros los turistas: seguridad y tranquilidad en todo sentido ( un compañero de viaje olvidó una de sus mochilas en el hall del hotel y al otro día la encontró en el mismo lugar ) lo cual hace que la estancia sea de puro goce y placer por doquier !!!







