Empresariales

La cuarentena y el teletrabajo

Cuando se calcula que hay tres millones de personas teletrabajando, expertos señalaron que la cuarentena hizo replantear las bases.

Si hay algo que el coronavirus parece haber dejado claro en el mundo del trabajo es que se cayeron todos los manuales de estrategia, que las restricciones que impone el aislamiento social preventivo y obligatorio lleva a reformular tareas y que el home office siempre rechazado por las organizaciones – que hoy está siendo ejercido por más de tres millones de trabajadores en la Argentina- no sólo hizo caer el eje del control sino que está revelando, además, que se está teletrabajando muchísimo.

A cuatro meses del inicio de la cuarentena, estas fueron las conclusiones de una jornada llamada “El cambio llegó ayer. El impacto del COVID-19 en las organizaciones” organizado por la Universidad Austral y en la que participaron expertos en recursos humanos y en comunicación organizacional.

Allí quedó en evidencia que las empresas debieron implementar nuevas formas de comunicación y gestión en tiempo récord, además de plantearse los desafíos a resolver desde los recursos humanos ya no sólo para el día a día actual sino para lo que ocurrirá el día después, cuando se avance hacia la nueva normalidad.

Aquellas empresas que venían trabajando en la gestión del cambio, del tiempo, de la diversidad y de una nueva manera de abordar la escucha, fueron las que se encontraron mejor preparadas para esta modalidad de trabajo que debió implementarse de un día para el otro.

Si bien hay un 40% de los trabajadores, es decir, unos 4,8 millones de personas, que no pueden realizar teletrabajo por el tipo de actividad que ejercen, hay otros 3,3 millones que sí están en condiciones de hacerlo. Se trata de una cantidad de personas que, de un día para otro, tuvo que acondicionar un hogar no sólo para teletrabajar sino también definir una nueva convivencia en la que tal vez más de una persona hacía home office y tal vez había uno o más chicos recibiendo clases también de manera virtual o que exigían otro tipo de atención por su edad.

“Se cayeron todos los manuales de estrategia. A tal punto que necesitamos compartir lo que nos pasa más que nunca. El home office fue rechazado siempre por las organizaciones y por la alta dirección que, ahora, está viendo, que se trabaja muchísimo por esa vía. Esto no sólo hizo caer la cuestión del control sino que mostró, además, que el control no es la forma de incrementar la productividad de las personas”.

Esta crisis restringió la acción, más allá de la industria en que se esté y también la comunicación. Nadie puede comunicar más allá de este contexto de crisis, es necesario un anclaje permanente en lo que está sucediendo y esto se debe, en gran parte, a que la demanda de información pasa, justamente, con lo que sucede con el coronavirus en la Argentina y en el mundo.

Las decisiones que se toman tanto desde la esfera gubernamental como desde las empresas, en relación con los trabajadores o con los gremios están en relación directa a los efectos que está provocando la cuarentena.

Este re-planteo general también implicó que las empresas comenzarán a “gestionar un nuevo tiempo, un tiempo de transición que será largo y habrá actividades que no volverán y otras nuevas que aparecerán” y esta nueva etapa se organizará en torno a tres ejes: la alta dirección, los líderes y los equipos.

La alta dirección busca hoy datos del entorno para pensar en el largo plazo. Los líderes necesitan nuevas pautas para encauzar la nueva normalidad para pasar de un 100% home office a un modelo híbrido y los equipos, las personas, deberán ser modularizadas por tiempos y por metas.

Todo esto tendrá que ver con la comunicación, con la articulación de equipos en donde habrá que llevarle a la alta dirección el feedback de lo que sucede, la crisis nos puso a todos en el mismo nivel, estamos más horizontalizados y mostró que el control no era la forma de incrementar la productividad.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba