La cultura ancestral del agua y la falta de conciencia

Hay un contraste marcado entre la devoción y la conciencia de la vitalidad del agua en la vida de los ecosistemas que se observa al revisar la historia de las sociedades ancestrales, cotejando con la realidad de las actuales, donde la relación con el agua no llega, como sí lo era en aquellas a ser ritual, ni religiosa ni constitutiva de una conciencia y manifestación sublime.
EL AGUA Y LA FILOSOFÍA GRIEGA:
Comenzando con el filósofo griego Tales que ubicaba al agua como uno de los principios de la vida y el cosmos, pasando por todas la civilizaciones antiguas se observa un rasgo de cultura común, a saber, que el agua es motivo de un ritual que se practicaba comunitariamente como un modo de invocar rogativo a la naturaleza y a los dioses para que no falte y, en cada ciclo anual, vuelva a renovar la vida en la tierra.
LA MODERNIDAD Y SU FALTA DE CONCIENCIA SOBRE EL AGUA:
La falta de devoción moderna por el agua tiene explicaciones en que, en la actualidad se da por sentado que es normal que la naturaleza provea el agua y concibe como innecesario ligar su relación con prácticas de ruego a la naturaleza para que en efecto la abastezca.
Esa falta de devoción por la relación agua – naturaleza quizá radique en el orden de prioridades en que, en concreto, la sociedad actual se organice, esto es, poniendo en primer lugar la meta del crecimiento sostenido de la humanidad (prioridad al PBI aumentado en cada ciclo anual).
Quizá todavía estamos encandilados con las maravillas del progreso desde su óptica material y ello forje ciertas anteojeras que conduzcan a que, aún, sea no auto-perceptible a la sociedad moderna que, en efecto, sea esa misma dependencia abrumadora y asimétrica del crecimiento el que produzca las situaciones de crisis de la provisión de agua por la naturaleza, que se viven multiplicadamente hoy en el mundo.
LA INTUICIÓN ANTIGUA Y LA DISPLICENCIA MODERNA:
Quizá lo que no distinga la sociedad moderna de modo masivo es aquello que las antiguas culturales intuían con intensidad y, hoy, la ciencia explica de modo metódico y demostrable, esto es, que el acceso al agua no es algo dado en forma automática y sin variación, sino, que, en realidad es el fruto de un proceso de trabajo causal de la naturaleza que debe lidiar con las condiciones generales del ciclo meteorológico anual.
A groso modo, el proceso que la naturaleza debe hacer en cada ciclo anual explica que el agua antes de llegar a los grifos de consumo, primero debe situarse en la atmósfera, en el sentido de que los océanos al generar el proceso de evaporación primero, luego y por efecto de las corrientes submarinas y el régimen de los vientos, forman los desplazamientos de esa agua en estado gaseoso, llevándola así a las distintas regiones de la superficie de la tierra en modo de lluvias y precipitaciones níveas.
Hoy la ciencia sabe el minuto a minuto de ese proceso frágil y complejo que debe repetirse en cada año, aunque la sociedad en general de por sí dispendiosa solo se preocupe cuando falte, pero, los ancestros sin saberlo en modo alguno, intuían que había casi un milagro que se producía en cada año y se inclinaban ante él con la veneración que merecen las manifestaciones divino-naturales, por lo que de ahí se derivó un cuidado extremo del agua disponible.
LA ONU Y EL SABER ANCESTRAL DEL AGUA: La cultura del agua es lo que cada civilización extrajo de su experiencia de vida como veneración y conocimiento de lo que hoy valoramos como “cultura ancestral del agua”, que es el resultado de milenios de observación de los ciclos de la naturaleza y del clima.
Por todo ello en 2006, la ONU dio una certificación al reconocimiento y jerarquía de este conocimiento ancestral proponiendo “Agua y cultura” como lema para el Día Mundial del Agua: «Debido a su rol fundamental en la vida de la sociedad, el agua posee una fuerte dimensión cultural. Sin entender ni considerar los aspectos culturales de nuestros problemas relacionados con el agua no podrá encontrarse ninguna solución sostenible.»
También se repitió en el 2018, en el marco de la carrera hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible, con el lema “La respuesta está en la naturaleza”, que la comunidad internacional debía asumir de modo efectivo la importancia de preservar y aprovechar muchas de las soluciones de la cultura ancestral para reducir inundaciones y sequías y evitar la contaminación del agua.



