Argentina

La hiperinflación, la escasez y el discurso oficial

Dr. Oscar Adarvez Abogado especializado en Economia
Dr. Oscar Adarvez – Abogado especializado en Economía

El presente análisis pretende explicar lo que está pasando en el país.

EL RIESGO DE LA HIPERINFLACIÓN:

La inflación es consecuencia de la pérdida del valor de la moneda cuya estabilidad es responsabilidad exclusiva de los gobiernos, pues ellos manejan la orientación y dirección de las medidas económicas que dictan.

La hiperinflación es la hija dislocada y alocada de la primera, con consecuencias nefastas para todos: distorsión de los precios, alteración y rompimiento de los contratos, empobrecimiento de los salarios, baja de la rentabilidad en la producción de bienes, proliferación de la especulación y caos social.

La conducta humana frente a estas condiciones es siempre  la misma, independientemente de la nacionalidad, raza o religión, desde los sumerios hasta la actualidad (Se recomienda buscar y leer “4.000 años de control de precios”).

En épocas más actuales, podemos ver lo ocurrido en Alemania, durante la República de Weimar, que sufrió los efectos de una tremenda  hiperinflación y fue la causa directa del ascenso de Hitler al poder y la Segunda Guerra Mundial.

Perdida de valor

La pérdida del valor de la moneda es provocada exclusivamente por falta de una política seria y responsable en la emisión. Antiguamente era convertible en oro y eso garantizaba su estabilidad. Posteriormente el volumen de producción de bienes y el dinero circulante para comprarlos, determinó el nuevo equilibrio. Ejemplo, si hay diez pesos para diez vacas ofertadas, cada vaca valdrá un peso.

Si hay más pesos sin que haya aumentado la producción de vacas, su precio subirá hasta llegar a un nuevo equilibrio en concordancia con la demanda artificial, porque la emisión de moneda no ha sido consecuencia de más bienes, sino de un acto voluntario del gobierno para cubrir sus gastos y el déficit.

El economista Jean-Baptiste Say definió la ley económica que lleva su nombre y que dice: para que una economía funcione en equilibrio, la capacidad de compra de cada cual debe ser  equivalente a su propia capacidad de oferta, según lo que produzca, ya sean bienes o servicios y en tanto sean naturalmente demandados, según mercado.

En el caso de Argentina, la emisión de moneda descontrolada que ha venido utilizando el gobierno de Alberto Fernández, como único recurso para cubrir los gastos y subsidios, con la esperanza de que el sostenimiento de la demanda reactivaría la economía, ha sido un despropósito que nos condenará, inexorablemente, a la hiperinflación y ello ocurrirá más temprano que tarde.

LA ESCASEZ:

En un país como Argentina, productora de todo tipo de bienes, es inconcebible que puedan faltar, ya que se supone que si se sostiene la demanda, éstos aparecerán para satisfacerla.

Pero volviendo al ejemplo de las vacas y la imposibilidad de sacar riqueza y capacidad de compra de la nada, si hay diez vacas y diez pesos para comprarlas y el equilibrio queda fijado en un peso por vaca, si se emiten diez pesos más y se establece un precio máximo por vaca de un peso, los primeros diez comprarán las diez vacas existentes y los más lerdos se quedarán mirando las góndolas vacías (imaginemos que las vacas fueron faenadas y puestas en góndolas de supermercado).

EL DISCURSO OFICIAL, LO PEOR DE TODO:

Tanto la hiperinflación como la escasez son consecuencia de la equivocada política del gobierno que, por su signo populista, condenará a los factores productivos y comerciantes, por no producir más, por no abastecer más y por no vender al precio fijado por el Estado.

Es decir, las víctimas serán los culpables. Vendrá la disolución y el enfrentamiento social y junto con el discurso siniestro oficial, perseguirá a productores y comerciantes por ser “los formadores de precios”.

Nosotros tenemos como experiencia de nuestra historia la hiperinflación que provocó “el rodrigazo” y la hiperinflación de Alfonsín que lo obligó a renunciar antes de concluir su mandato.

Ojalá nos demos cuenta de que de esta crisis no salimos con soluciones mágicas y voluntaristas, sino trabajando y  produciendo, bajando el gasto corriente e innecesario del Estado y con ello, evitar más emisión de moneda y la suba de todo tipo de impuestos, que estrangulan a los que trabajan y producen y es lo que desalienta las inversiones, aparte de lo injusto de las soluciones propuestas por el Gobierno.

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