Economía

La tragedia de los comunes

La tragedia de los comunes
Por Alejandro Larrea Licenciado en Administración y C.P.N

LA FIESTA DEL PUEBLO (Un relato de ficción): El Intendente convocó para una fiesta  a todos los habitantes del lugar. Instaló un gran barril vacío en el centro de la plaza y  pidió que cada jefe de familia volcara adentro una jarra de vino tinto, a fin de compartir su contenido en el agasajo del próximo domingo. Con gran entusiasmo lo hicieron los lugareños durante la semana previa e inclusive alguna familia contribuyó con varios recipientes, generando expectativa y un ambiente alegre. Finalmente el día señalado, con una concurrencia masiva, el Intendente abrió la canilla en la base del barril y se sirvió la primera copa para ofrecer un brindis. Con gran sorpresa, el recipiente transparente mostró que adentro había solo…. Agua. Descartado un milagro, se dieron cuenta de inmediato lo que había pasado: cada uno de los aportantes esperaba que fueran los otros los que pusieran realmente vino y en un barril no se iba notar una jarra de agua. El asunto fue que todos pensaron lo mismo.

LA ISLA DE PASCUA (Una historia real): Son famosos mundialmente los “MOAI”, las gigantescas estatuas emplazadas en medio del Pacífico por indígenas de la Polinesia. Cerca de 900 figuras humanas  creadas entre los años 1.200 a 1.500.  El enigma fue como llegaron esas estatuas allí, una isla que cuando arribaron los europeos  en 1.722 no tenía árboles con los cuales hacer canoas. Y la explicación fue que para desplazar y erigir los monumentos, más construir casas para refugiarse y las indispensables canoas,  tenían que cortar el bosque existente a una tasa mayor de la reposición y se quedaron sin árboles, aislados para siempre y sin el recurso de la pesca. Se desencadenaron guerras civiles sangrientas,  solo unos pocos sobrevivientes subsistieron sin una idea clara de que significaban o como se construyeron los guardianes de piedra. Nadie cortando individualmente un árbol era responsable del resultado, pero en  un punto fue demasiado tarde, en ese momento todos eran culpables. ¿Qué habrá pensado quien cortó el último árbol?. Quizás estaba tarareando una versión polinesia del tema “Solo se vive una vez”. O simplemente especulando: “No es mi problema amigo”, lo cierto es que la consecuencia fue el ocaso de su civilización. 

¿AH? PERO ESO NO NOS PASARÁ A NOSOTROS: Claro porque nuestra sociedad global está alerta y es consciente de los peligros. Por eso los osos polares tienen cada vez más calor. Y las playas del Caribe se llenan de algas que ensucian las aguas y huelen mal. Le hemos dado incluso un nombre en Economía: “Externalidades Negativas” que son aquellas decisiones de productores y consumidores que generan un efecto pernicioso en la sociedad y que no se trasladan a los costos. Nadie individualmente es responsable del calentamiento del planeta,  la contaminación de los océanos o la deforestación del Amazonas. Reconocemos rápidamente casos típicos de la tragedia de los comunes. A nuestro favor tenemos que anteriormente si se ha actuado con decisión y resultados positivos, por ejemplo en la eliminación de los compuestos clorofluorocarbonados  en los aerosoles, que estaban destruyendo la capa de ozono en la atmósfera. Su prohibición de uso dispuesta en el Protocolo de Montreal en 1989,  ha causado que esa capa vital para filtrar los peligrosos rayos ultravioleta se vaya recuperando, es factible que vuelva a su estado original allá por el 2.050.

POR ENTENDERLO BIEN, GANÓ EL NOBEL: Este tema, fue abordado por la economista Elinor Ostrom y por ello galardonada con el Premio Nobel de Economía 2.009. Con sus colaboradores dirigió una impresionante serie de casos e intentos de resolver la “tragedia de los comunes”. A veces con éxito y otras fracasando, elaboró algunos requisitos para fomentar la cooperación.

  1. Deben haber reglas claras que identifiquen quienes son los miembros del grupo, aquellos que tienen el derecho a usar el recurso: Residencia en Mar del Plata para explotar la pesca allí.
  2. Definir cuáles son las acciones permitidas y las prohibidas: Sesiones abiertas o cerradas para la caza, tamaño mínimo de las presas, rotación de los cultivos para evitar el agotamiento del suelo.
  3. Un sistema de penas por incumplimiento que sea entendido por las partes y de cumplimiento efectivo: Multas, pérdida futura de derechos y hasta la cárcel. Debe haber una graduación creciente en esas sanciones.
  4. Vigilancia  efectiva y rápida para detectar a los que hagan trampa: Incorporar estas prácticas como una rutina normal que es parte del trabajo. Los propios leñadores vigilarán en su tarea habitual que no se invadan áreas protegidas, lo cual elimina la necesidad de contratar guardias.
  5. Cuando las cuatro categorías anteriores estén impuestas y en funcionamiento debe existir información pública y accesible para todos los participantes y los potenciales usuarios futuros, evitando que se transforme en una secta cerrada.
  6. Finalmente la experiencia  le demostró que controles centralizados, impuestos de arriba hacia abajo, sin la participación y compromiso activo de los interesados no son lo óptimo. Algunos aspectos se descontrolan y la performance final es pobre.

LA ISLA DE PLÁSTICO: En el océano Pacífico, entre California y Hawai, flota una vasta isla de plástico, del tamaño de España, Francia y Alemania: 1,6 millones de metros cuadrados. Se trata de la «Gran Mancha de Plástico del Pacífico» como fue bautizada por la fundación holandesa «Ocean Cleanup» que con 30 naves y 2 aviones realizó una estimación de sus dimensiones y composición. Está formada  por redes de pesca y plásticos rígidos,  su impacto ambiental es innegable: Los trozos más grandes -como las redes y las bolsas- aprisionan, sofocan y matan a los animales marinos mientras los pedazos más pequeños son devorados por peces y entran en la cadena alimentaria, terminando en nuestras mesas. Todavía no hay una acción decidida a nivel gobiernos para terminar con este problema, pero por lo menos debemos tomar conciencia de ello y luego colaborar,  por ejemplo  cuando se nos ofrezca la posibilidad de clasificar la basura: El plástico va en los contenedores de color amarillo.

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