Los primeros impuestos – 2º Entrega


En la anterior entrega le comenté a usted que el gran Imperio Romano constituyó un inmenso bloque económico y comercial, pues los botines de guerras y tributos de las colonias y provincias generaban dinero y productos que se destinaban a Roma para llevar riqueza y lujo a la ciudad capital.
En el imperio las ciudades y territorios conquistados estaban sujetos a un impuesto, cuyo pago era en dinero o con sus cosechas, luego se agregó un impuesto personal, la tasa de circulación de mercaderías, el derecho de sucesiones y la tasa por la venta de esclavos mayores de 14 años o las liberaciones.
Roma estableció un tributo especial a las tierras conquistadas: el “tributum o estipendium”, para sufragar sus inmensos gastos militares y de infraestructura. También existió un tributo que gravaba la tierra y otro que recaía sobre las personas “tributumcapitis”, que generalmente se exigía a todos por igual.
La Hacienda Pública de Roma era eminentemente patrimonial, ya que la principal fuente de sus ingresos provenía del arrendamiento de las tierras de dominio público tomadas por sus ejércitos en la expansión de su territorio y algunas provincias.
En la medida que las conquistas romanas fueron extendiéndose, los ingresos por impuestos que siguieron creciendo, al igual que lo hacía la complejidad de recaudarlos. Por ejemplo se medían los campos en masa, se numeraban los árboles y las vides y se registraban los animales de todo tipo. Hasta se llegaba a reunir en las plazas a los ciudadanos con sus hijos, siervos, que eran incitados a denunciar la verdadera entidad de sus ingresos.
Además se los sometía a torturas para que confesaran y si no se daba fe a las declaraciones de los censores, se enviaba a otros para encontrar otros datos. Y si no obtenían los resultados previstos se añadían otras tasas para no dar la impresión de que el trabajo realizado había sido en vano.
Se podría afirmar que el tributo inicial que se hacía a los dioses a cambio de contar con su protección divina, luego se convirtió ya en la figura parecida a la actual, con la recaudación de impuestos pues los emperadores hijos directos de los dioses eran los que regulaban, exigían y administraban todo lo recaudado.
Al avanzar cronológicamente, después de la caída del Imperio Romano, la Edad Media contó con otro régimen para el pago de impuestos, se trata de otra realidad no menos fácil de sobrellevar, por lo menos para los sectores más bajos en la escala social de aquella época. Al dividirse los territorios, éstos dominados por reyes que otorgaban las tierras a los señores de la corte, quienes se comprometían a explotarlas y tributaban a la corona.
Dentro del feudo los campesinos podían vivir en él a cambio de trabajo y tributo al señor feudal, quien era soberano de esas tierras y se comprometía a brindarles protección ante una eventual invasión. Los gravámenes que se percibían por las explotaciones de minas, molinos, hornos, fraguas, bosques, pastos, ríos navegables, por la caza y la pesca, formaban parte de los derechos y prerrogativas del rey y señores feudales.
Las personas eran parte del dominio del señor o soberano, igualmente para dedicarse al comercio o a la industria o ejercer un oficio, eran tareas que requerían de una licencia. Los siervos de la gleba, adscriptos a la tierra, obligados a trabajar gratuitamente para el mantenimiento de los cambios, reparación del castillo feudal y cultivo de las tierras del señor, tributos de peaje y rentas de todo tipo.
Éstos llevaban al castillo del señor feudal sacos de granos, toneles de vinos, tinajas de aceite, toda clase de animales y si no lo hacían en tiempo y voluntariamente, se les requisaba sus productos a la fuerza. En la próxima entrega me referiré a España y el Nuevo Mundo para llegar a lo que hoy es Cuyo.



