San Juan

Paula la madre de Sarmiento 27/06/1774- 21/11/1861

Paula la madre de Sarmiento 27/06/1774- 21/11/1861
Por María Rosa Plana

“La madre es para el hombre la personificación de providencia, es la tierra viviente a que adhiere el corazón como raíces al suelo”. Sencilla, espontanea, inteligente. Respecto a su aspecto físico Sarmiento la describe como una belleza modesta y sencilla, alta y huesuda. De familia numerosa quedó huérfana y dueña, por herencia paterna, de un pequeño solar en el barrio del Carrascal sin importarle los prejuicios de ser soltera, en 1801, tejiendo en su telar, bajo la higuera, vendiendo sus prendas levantó su modesta casa.

En 1802 se casa con José Clemente Sarmiento, hombre conocedor de huellas y llanos sanjuaninos por su oficio de arriero y colaborador del ejército. Debido a las prolongadas ausencias de su marido, debió hacerse cargo de su hogar y sus hijos, su gran capacidad de trabajo la hizo combatir la pobreza en épocas difíciles, manteniendo una economía familiar, con la huerta, algunos animales de granja, más su habilidad como tejedora fueron suficientes para llevar una vida digna.

Sarmiento, en “Recuerdos de Provincia” (1850) expresa: “en aquellos tiempos una mujer industriosa y lo eran todas, aun aquellas nacidas y criadas en la opulencia, podía contar consigo misma para subvenir a sus necesidades…… A poca distancia de la puerta de entrada llevaba su copa verdinegra la patriarcal higuera que sombreaba aun en mi infancia aquel telar de mi madre, cuyos golpes y traqueteo de usos, pedales y lanzadera, nos despertaba antes de salir el sol para anunciarnos que un nuevo día llegaba”. Su amor de madre incondicional, lo podemos mencionar en varios episodios:

Cuando Facundo invade San Juan y Sarmiento se había escapado justo a tiempo, muy enojado Facundo hizo llamar a su madre y le dijo amenazante que lo iba a fusilar si lo encontraba, ella serenamente lo escuchó. Sarmiento al enterarse decide vengarse de esta ofensa hacia su madre y al hacerlo escribe “Facundo”, dice Cesar H. Gerrero, que lejos de matarlo le estaba dando la vida eterna. “…Para los efectos del corazón no hay madre igual a aquella que nos ha cabido en suerte. La mía, empero, Dios lo sabe, es digna de los honores de la apoteosis y no hubiera escrito estas páginas, sino me diese para ello aliento el deseo de hacer en los últimos años de su trabajada vida, esta vindicación contra las injusticias de la suerte…”

Noches sin dormir sin saber la suerte de su hijo tantas veces, hace que con 76 años cruce la cordillera para verlo. Estuvo a su lado en Chile, allí lo esperó de su viaje a Europa y América. Después de unos años decide volver, extrañaba su telar, sus pollitos y temía que la muerte la sorprendiera fuera de su hogar. En 1850 se despiden con dolor, regresando con su hija Rosario a San Juan.

Cuando Paula se siente enferma, ya mayor, le envía a Buenos Aires una frazada tejida, con una leyenda que decía “Paula Albarracín a su hijo a la edad 84 años”. Sarmiento bromeaba con su madre diciéndole que iba a vivir 100 años y le promete que donde estuviese vendría cuando ella lo llamara para acompañarla al dejar esta vida. …No le permito morir antes que yo llegue”. No pudo esperarlo, envió con un sacerdote un mensaje bendiciéndolo.

Sarmiento siempre pensó que andaba a su lado en los momentos difíciles que le tocó vivir. Escribe cuando asume la presidencia… “¡Mi Madre! ¡Su sombra está aquí presente!… Hubiera deseado que mi pobre madre viviese para que gozase en la exaltación de su Domingo”.

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