Perspectivas económicas para este 2022

El año que se inicia muestra que la economía global continúa en su proceso de recuperación y normalización de la crisis inducida por la pandemia, a pesar de que surgieron algunos obstáculos que redujeron la velocidad del repunte.
Tal como en el trimestre anterior comentábamos acerca del escollo que generó la aparición de la variante Delta, esta vez llegó el turno de la variante Ómicron, que a pesar de que es menos virulenta que su predecesora, se propaga de una forma que conduce a nuevos confinamientos, aunque más moderados y a la persistencia de problemas logísticos a nivel global y a un comportamiento más prudente de los consumidores y empresarios, dilatando y volviendo dispar el crecimiento proyectado.
A poco más de un año de la aprobación de la primera vacuna para el COVID 19, la campaña de vacunación global sigue desplegándose, con más de la mitad de la población global habiendo recibido al menos una dosis de la vacuna.
Esta situación, que podría ser considerada un éxito, no escapa a una situación de administración sumamente heterogénea entre países e incluso grupos sociales, explicada principalmente por disparidades económicas.
En los países desarrollados la vacunación alcanza niveles elevados, con un impacto positivo en los niveles de hospitalización y muertes que hoy genera el virus.
En países de bajos ingresos (principalmente en África Sub-Sahariana), menos del 10% de la población recibió una dosis y en los países emergentes aparecen asimetrías marcadas en el porcentaje de población vacunada.
Gracias al intenso repunte en la actividad económica de la primera mitad del año, el 2021 cerró con un crecimiento del PBI mayor de lo esperado y por encima del potencial.
Los esfuerzos de los gobiernos en términos fiscales y monetarios, con el objetivo de sostener en funcionamiento el sistema laboral y crediticio, consiguió proveer el apoyo suficiente para que las economías vuelvan a crecer de forma orgánica.
Sin embargo, se evidencia cierta desaceleración en el último trimestre transcurrido. El FMI en su “World Economic Outlook” ha revisado a la baja las proyecciones de crecimiento mundial de 6,0% a 5,9% para 2021, para las economías avanzadas de 5,6% a 5,2% y con proyecciones al alza para mercados emergentes y países desarrollados desde 6,3% a 6,4%.
Pese a ello, cabe destacar que hace un año la proyección de crecimiento se ubicaba en un 5,3% para el año que pasó, lo que habla de que el dinamismo de la recuperación logró sorprender positivamente.
Esta desaceleración en el crecimiento económico del último trimestre estuvo afectada por la persistencia de los cuellos de botella en el transporte marítimo, los cierres en puertos asiáticos a raíz de medidas de contención sanitaria, la falta de mano de obra en los puertos americanos y el creciente desabastecimiento de determinados productos, como microchips, semiconductores, plásticos y bienes intermedios, lo que afecta cadenas productivas y presiona al alza los costos de las empresas, algo que por el momento se ha trasladado solo de forma parcial a los precios finales.
La situación de abastecimiento afectó en mayor medida el crecimiento de Asia y Europa que de EE.UU. Esta desaceleración en el crecimiento que proyectamos debería revertirse en este 2022 actual, no impidió que los incrementos en el nivel de precios continuaran en niveles elevados y que el debate acerca de la transitoriedad o no de los aumentos se mantenga como protagonista en los mercados y las autoridades a cargo de la política económica.
El aumento de la oferta monetaria, la laxitud de la política económica y la aparición de cuellos de botellas logísticos a raíz de las distorsiones provocadas por cese de actividades durante 2020, contribuyeron a generar una presión de precios propiciada principalmente por subas vertiginosas en los precios de las materias primas y los costos de transporte, lo que tuvo y aún tiene, un impacto generalizado en los procesos productivos y las canastas de consumo globales.
La reacción de política monetaria por parte de los bancos centrales llegó de forma concreta en los últimos meses de 2021, ya que en las últimas reuniones del año se percibió un viraje retórico y decisorio hacia posturas menos laxas.
En este sentido, hoy encontramos una división entre países que ya comenzaron sus políticas más estrictamente contractivas, subiendo tasas como respuesta a aumentos en los niveles de precios (Rusia, Brasil, México, Perú, Chile, Turquía, Inglaterra y Noruega) y otros que comenzaron con una postura de reducción de sus políticas expansivas, como Estados Unidos y el Área Euro, que si bien decidieron dejar sin cambios las tasas de interés, optaron por acelerar el tapering y recortar el ritmo de su programa de compras de bonos en el mercado, programas que terminarían entre marzo y abril.
Finalmente, encontramos un tercer grupo de países que mantienen políticas ultra laxas, donde la prioridad continúa siendo la mitigación de los daños económicos ocasionados por el Covid-19, tales como Japón, China, India y países del Sudeste Asiático.
Sin embargo, el consenso de las autoridades es claro en cuanto al viraje hacia una postura menos acomodaticia para los meses venideros. En resumen, las claves para determinar el escenario que se pueda producir en este año y el próximo son, en primer lugar, la combinación entre crecimiento e inflación que se produzca y la contundencia y velocidad de los bancos centrales en el viraje de su política económica.
Nuestro escenario central pasa por la continuidad de ritmos de crecimiento económico superiores a lo habitual durante este año y el siguiente (aunque desacelerando con respecto a 2021), con una paulatina moderación en las presiones inflacionarias, lo que permitiría volver a datos más consistentes con el objetivo de los bancos centrales y evitaría la necesidad de un tensionamiento prematuro y acelerado de la política económica.



