Argentina

Terapia financiera: “Del éxtasis a la agonía”

En estos días y cada vez con mayor fuerza, ha comenzado a ocupar lugar en las noticias el impacto que ha ocasionado y seguirán ocasionando en la economía y las finanzas, las medidas de aislamiento que se han tomado con el fin de preservar la salud de los argentinos.

Para un grupo importante de la población económicamente activa los efectos han sido lapidarios; hablamos de emprendedores, autónomos, profesiones liberales, oficios y micro y pequeñas empresas en general, donde en algunos casos se ha llegado al cierre o desaparición de varios negocios, más allá de la ayuda que pueda haber llegado de parte de los gobiernos nacional y provincial. Para otros sin embargo, el instinto de supervivencia les ha inspirado a reinventarse, adaptándose al contexto y a las nuevas maneras de hacer negocios. No obstante no debemos perder de vista que antes del covid 19 ya existían problemas que afectaban a las micro y pequeñas empresas y que al finalizar la pandemia, en muchos de los casos, seguramente continuarán existiendo y profundizarán los problemas. La situación actual también ha abierto un espacio de análisis sobre la situación futura y sobre qué aspectos deberíamos mejorar como microempresarios con el fin de potenciar nuestros emprendimientos. En esta especie de bitácora de viaje, resultará clave identificar las experiencias que pasen a engrosar nuestras “lecciones aprendidas”.

A partir de esta nota y durante las próximas entregas, identificaremos algunos errores (quizás los más significativos) que suelen cometerse cuando se emprende o se está al frente de un negocio. El desafío de estas entregas será por un momento dejar de lado nuestra posición defensiva, que implica asignarles la culpa de todos los males a lo externo (la competencia, los monopolios, el Estado, la presión fiscal, entre otros). Más bien intentaremos adoptar una “mirada japonesa” sobre el contexto que nos permita en primer lugar, corregir aquello que dependa de nosotros y esté a nuestro alcance.

“Del éxtasis a la agonía” o “podemos ser lo mejor …. o también lo peor con la misma facilidad” son extractos de la letra de la célebre canción de Bersuit Vergarabat “La Argentinidad al palo” y quisimos utilizar algunas de las mismas para titular esta serie de entregas, ya que muestra ambas caras del mundo micro empresario local. El éxtasis como motor y alimento para generar riqueza, trabajo y emprender, aun en las condiciones más adversas que puedan darse; pero por otro lado también la agonía que se asocia a los errores más comunes en los que solemos caer. Comenzaremos este primer capítulo con errores asociados al Patrimonio, en este caso la caja. Una de las tentaciones en las que fácilmente solemos caer al momento de administrar nuestro emprendimiento es en confundir la caja del negocio con la nuestra. Esa falta de separación de los flujos generados en la actividad empresaria respecto de nuestras finanzas personales, genera cierta comodidad en el sostenimiento de los gastos personales o nuestro nivel de vida que pretendemos mantener; pero también es cierto que si no se es estricto y criterioso en la administración de los fondos (peso que se fue en carácter de préstamo debe volver) es muy probable que genere efectos negativos en las finanzas de la empresa en el corto plazo.

Desorganzación, falta de claridad respecto de cuánto se paga por mi trabajo en la empresa y cuánto me llevo en carácter de propietario, desfinanciamiento para atender gastos operativos, desinversión en la reposición de equipos, herramentales, etc, falsa sensación de contar con un negocio no rentable cuando sí lo es (o viceversa) y hasta desperdicio de oportunidades ante la escasez de fondos, son algunas de las muchas consecuencias que trae aparejado el desorden financiero. Y esta situación se agrava cuando dentro de la empresa trabajan varios miembros de una familia o de un grupo familiar e incluso amigos.

Si bien algunos especialistas atribuyen este defecto al hecho de que la empresa representa para el creador (fundador) una extensión de sí  mismo y por ende puede disponer libremente de sus recursos (como comprar vehículos de uso personal con fondeo o endeudamiento empresario); hay otro sector de “la doctrina” que atribuye este accionar a la falta de educación financiera, postura a la cual adherimos profesionalmente. Según este segundo grupo, no cualquiera es empresario ya que deben contarse con particularidades para serlo. Creatividad, iniciativa, tenacidad, ansias de trascendencia, atendimiento del bien común, entre otros son los talentos que suelen distinguir a un empresario. Esos elementos distintivos son los que motorizan y le dan fuerza al nacimiento y desarrollo de las Pymes, son su combustible, son los antídotos que les permiten sobrevivir a muchas de las amenazas existentes en el entorno.

No obstante como fuerza creadora o movilizante, se le aprovecha mucho más en la medida que es encausada o guiada. Así como al agua se le saca más provecho cuando se la embalsa o canaliza, permitiendo obtener energía, aprovechando más hectáreas de riego o incluso previniendo desastres naturales como inundaciones; similar es lo que sucede con las habilidades empresarias, las que son aprovechadas cuando son complementadas con educación financiera. Sin dicha educación, los errores se repetirán sin solución de continuidad.

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