Cuando los impuestos asfixian

Existen muchas historias sobre dibujos y frases hechas en una servilleta que pasan a la historia. Esta llevo a un economista, Arthur Betz Laffer, al premio nobel.
A mediados de los setenta, el jefe de gabinete del presidente Gerald Ford, Donald Rumsfeld organizaba semanalmente cenas con distintas personas destacadas para discutir las medidas económicas a seguir. Durante una de esas cenas se debatía el aumento de impuestos que tenía planificado el gobierno de Ford. Y ahí fue cuando Laffer les explicó que, si los impuestos suben, la recaudación no tiene por qué aumentar. Tomó una servilleta y trazó una «U» invertida en ella: en el eje horizontal, estaban los tipos impositivos; en el vertical, los ingresos fiscales.
A medida que aumenta las tasas impositivas, los ingresos fiscales aumentan; llega a un máximo; y luego, a mayor presión impositiva la recaudación fiscal cae. Es decir, a partir de cierto punto la recaudación cae porque los incentivos a trabajar e invertir disminuyen. El contribuyente se pregunta para que se sacrificará más si se lo lleva el estado. A su vez, aumentan los incentivos a evadir[1].
Académicamente, todo este fenómeno se describe como efecto renta y sustitución. El primero mide las consecuencias de la disminución de la capacidad adquisitiva; y el segundo mide los cambios en las decisiones que toman empresarios y consumidores como consecuencia de los impuestos.
Si bien hay muchos ensayos que contradicen la forma de la curva, la historia económica reafirma su existencia. Es más, se sabe que este postulado es muy antiguo. En el siglo XIV, el hijo de unos inmigrantes andaluces en Túnez, Ibn Khaldun, introdujo el mismo concepto en su libro La Muqqamidah. Pero fue Laffer, que contando con los avances matemáticos y econométricos, pudo demostrarlo.
Argentina tiene una de las presiones impositivas más altas del mundo. Es decir, nos encontramos en el lado derecho de la curva. Pero, entonces por qué los titulares de los diarios dicen que se logran recaudaciones records. Por un lado, estas cifras no tienen en cuenta el impuesto inflacionario y el retraso en el tipo de cambio. Por el otro, se tiene que comparar la recaudación efectiva con la que potencialmente una economía puede alcanzar si no existieran actividades “en negro”.
Los economistas del gobierno, a pesar que han estudiado muy bien la curva de Laffer a lo largo de su formación académica, siguen moviéndose a la derecha del eje de la abscisa. Por eso cuando se acercan el vencimiento de los impuestos, los argentinos vivimos situaciones de “asfixia económica” mientras los contadores públicos nacionales tratan de lograr cierto equilibrio financiero de sus contribuyentes. A su vez, el déficit fiscal es cada vez mayor en relación al PBI (Producto Bruto Interno).
[1] La servilleta de tela se encuentra en el museo Nacional de Historia Estadounidense.





