Minería: qué desafíos y oportunidades tienen en común o diferencian a Chile y Argentina
Cuál es el escenario de un lado y otro de la cordillera, mientras los países trabajan en el Tratado de Integración y Complementación Minera.

Argentina y Chile comparten la Cordillera de los Andes, que ha demostrado ser una de las reservas más importantes del mundo de cobre, oro, plata y otros minerales. Pero mientras las empresas chilenas están analizando el impacto en los costos en producción de la guerra en Medio Oriente, de este lado el sector se concentra en demostrar que puede ser un sector exportador clave.
DIARIO DE CUYO comparó cuáles son las preocupaciones que muestran los empresarios en informes de situación presentados por la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM) y el CIPEEC de Argentina y el Centro de Estudios del Cobre y la Minería de Chile (CESCO), que reúne a los empresarios. Ahí se puede ver cuáles son las agendas de estos dos países, que comparten no solo el potencial geológico, sino también una institución clave.
Es que entre Argentina y Chile hay un Tratado de Integración y Complementación Minera, una herramienta creada en los años ‘90 que buscaba movilizar la actividad en las zonas limítrofes. El tratado ha sido criticado por proveedores locales por dar espacio a empresas chilenas en territorio argentino, aunque su intención es generar condiciones que motoricen los proyectos mineros. Pero el punto de partida entre los dos sectores mineros es distinto, como se demuestra en los informes privados.
Qué miran los mineros de Chile y de Argentina
En el territorio chileno la minería, en especial la del cobre, es una de las bases de la economía, con más de 100 años de experiencia. Por eso la sostenibilidad del sector y cómo los insumos internacionales cambian de precio es la discusión más importante. La continuidad de la producción y el avance de los proyectos es una realidad.
En el lado argentino, en cambio, la producción de cobre todavía es marginal y el sector empresarial todavía se concentra en demostrar que una vez que inicie su actividad será un motor económico. Por eso las estadísticas que se generan en el ámbito privado se enfocan en el potencial futuro y en especial en la expectativa de inversiones a corto y mediano plazo.
A pesar de estas diferencias, en los informes que generan las instituciones mineras hay puntos en común. La escasez de mano de obra capacitada en las próximas etapas preocupa en los dos países. También la expectativa de inversión parece estar clara, ya que en ambos países se nota un optimismo para los próximos años, al igual que en el crecimiento de los precios y la demanda de metales estratégicos.
Los datos que ocupan los análisis que hacen los propios empresarios mineros muestran la diferencia actual que hay entre los países del cono sur. Pero también, pueden servir para ver qué cuellos de botella habrá en el futuro, si Argentina se pone a la par o se acerca al nivel de actividad de Chile.
Las expectativas de un lado y del otro
El informe de CESCO de junio 2026 muestra un horizonte positivo, según encuestas realizadas a empresas mineras y proveedoras mineras de Chile, enfocadas la mayoría en minería metalífera y de cobre. Los datos de CAEM, en cambio, se distribuyen en varios reportes, la mayoría de ellos usando datos públicos, al igual que el de CIPEEC.
Para elaborar el documento se concentraron en las perspectivas futuras, en especial para los siguientes 24 meses del sector minero. En este sentido, la mayoría de los encuestados ve los próximos dos años con optimismo y esperan una inversión de entre 85 y 105 millones de dólares en este periodo. En el informe realizado por la CAEM en marzo de este año la expectativa está puesta en los proyectos aprobados o pendientes en el RIGI, que anticipan desembolsos por 54.500 millones de dólares.
Un punto de coincidencia entre las instituciones argentinas y chilenas es que el precio del cobre se fortalecerá en los próximos años y la demanda aumentará. La encuesta de CESCO muestra respuestas optimistas para el mediano plazo por parte de los encuestados. En los datos argentinos se incorpora otra variable: el acuerdo Mercosur – UE, que podría generar ventajas para la colocación de exportaciones para Argentina. El mercado internacional optimista es un factor en común entre los países.
Problemas distintos y en común
Como país productor, los datos que preocupan a los empresarios chilenos tienen que ver con los costos de llevar adelante la minería del cobre. El informe se enfoca en ver cuáles han sido los costos operacionales que más probabilidades de aumento tienen en los próximos 12 meses. En este apartado, el impacto de la guerra en Medio Oriente es clave para la cadena de suministros de la minería chilena. Los productos que más subirán de precio, según la encuesta, son reactivos químicos, explosivos, neumáticos, combustible y mano de obra.
En los cuellos de botella se nota nuevamente la diferencia entre Argentina y Chile. Del otro lado de la cordillera el principal problema que notan tiene que ver con la permisología y tiempos de tramitación. Le siguen la incertidumbre regulatoria (un problema que en Argentina sí se ha dado) y luego conflictos socioambientales.
En un informe de CIPEEC, el principal problema que señalan para el crecimiento de la minería tiene que ver con la falta de infraestructura, a la que señalan como un puente de oportunidad y competitividad, que hoy es insuficiente. Esta problemática en Chile se ubica recién en el cuarto lugar según la encuesta.
Otro punto en común es la escasez de capital humano, que en Chile se ubica en quinto lugar, pero en Argentina ya ha empezado a generar alertas, en especial para el proceso de crecimiento del cobre que se espera en los próximos años. El ex presidente de la Cámara Minera de San Juan, Ricardo Martínez, compartió con DIARIO DE CUYO un informe que revela que es necesario triplicar la capacidad de formación de mano de obra. También la consultora Adecco señaló que el cobre empezará a requerir mano de obra que hoy ocupa el oro.
A pesar de las diferencias actuales, Chile y Argentina están trabajando para cubrir la misma demanda de cobre a nivel global, que impulsan la transición energética y el crecimiento de la IA. Tienen puntos de partida distintos, pero a medida que se equiparen, los problemas que hoy tiene el país vecino podrían sumarse a los ya existentes en el país, que podría reiniciar su producción de cobre antes de que termine la década.



