Orígenes de la corrupción (3º Entrega)

Orígenes de la corrupción (3º Entrega)

Por Diego Salinas

Luego de haber estudiado y analizado diversos aspectos de la corrupción, considero oportuno llegar hasta la raíz del asunto y que mejor compartiendo con usted algunas ideas de una excelente obra: “Ética para argentinos” de un mejor amigo como era el destacado filósofo argentino  Jaime Barylko ( fallecido ), estimando que por ser para argentinos también este trabajo es extensible para la humanidad toda sin distinción de nacionalidades.  Dicho autor comentaba que “la ética de cada uno es la exigencia que cada uno se plantea a sí mismo frente a sí mismo. Aquí hablamos de la ética que se torna moral (costumbres, en latín, se dice “mores”) y se refiere a las obligaciones de un comportamiento a favor del bien y contra el mal dentro de la sociedad, frente a los demás”,de tal forma que los argentinos somos “individualistas acérrimos, desechamos la ética, la moral y glorificamos la libertad, entendiendo a ésta como el derecho absoluto a ignorar a los demás, a favor de una autorrealización extremista y sin contemplaciones”, por lo tanto no hay “ética porque ésta trata del hacer, del deber-hacer, de las obligaciones a cumplir y del ser como parte de los demás”. Más adelante y remontándonos a los orígenes, nos confiaba -semita él- que “cuando los hebreos salieron de Egipto celebraron la pascua y les pareció grandioso salir de la esclavitud a la libertad. Deambularon por el desierto; pero un día se enfrentaron a la Ley, encarnada en los Diez Mandamientos -no matarás, no robarás, no testimoniarás en falso, etc.- y eso ya no les gustó tanto.  Como consecuencia, se revelaron contra Moisés. Querían y reclamaban volver a Egipto. Ahí si que estaban bien!!, comían bien, dormían bien!! Deseaban la libertad pero no su otra cara: la responsabilidad: Libertad sí, mandamientos no”.

Lo que ocurre es que “liberarse puede costar trabajo, pero finalmente es posible. Liberarse para desarrollar un proyecto de virtud, para establecer un compromiso en común, es decir para regular la vida con una ley que a su vez encarne los ideales de justicia, de amor al prójimo, de respeto, mediante la capacidad de sacrificio privado por el bien de todos; eso es tremendamente difícil”. Afirmaba que “la paradoja de la libertad, que consiste en que ella también involucra una suerte de yugo, de reverencia, de cadenas, nos resulta absurda. Después de haber logrado la libertad, qué nos faltaba a los argentinos? Nos faltaba en qué depositarla, hacia que horizonte digno y superior orientarla. Es decir, la ética. Los mandamientos, la conducta que representa valores. La libertad es un medio y la ética, su regulación. El fin último es la felicidad del hombre, pero sin olvidar que cada hombre convive con otros hombres. Por eso decimos que de la felicidad de los otros depende nuestra propia felicidad”.

Por todo lo mencionado, deducimos que la corrupción se origina o nace con el hombre mismo y si queremos remontarnos a los orígenes en nuestro país, nos podemos remitir a los inicios de nuestra patria: así, el 2 de noviembre de 1810, Mariano Moreno escribía, a propósito de la necesidad de una Constitución que afianzara la libertad y le diera un cauce creativo: “Pero cuáles son las virtudes que deberán preferir nuestros legisladores? Por qué medios dispondrán los pueblos a mirar con el más grande interés lo que siempre han mirado con indiferencia?… cómo harán amar el trabajo y la fatiga, a los que nos hemos criado en la molicie?”, ( me permito aclararle a usted que molicie significa abundancia y pareciera que en esa época ya la había y en demasía ) y más adelante agrega: “nuestros representantes van a tratar sobre la suerte de unos pueblos que desean ser libres; pero no podrán serlo hasta que un código de leyes sabias establezca la honestidad de las costumbres, la seguridad de las personas, la conservación de sus derechos, los deberes del magistrado, las obligaciones del súbdito y los límites de la obediencia” y  como previniendo lo que vendría, sostiene: “no nos haría felices la sabiduría de nuestras leyes si una administración corrompida las expusiese a ser violadas impunemente…” para concluir con esta sentencia: “…no es tan difícil establecer una ley buena, lo difícil es asegurar su observancia.”  En plena coincidencia con lo que sostiene Barylko más de dos siglos después.

Las leyes son para guiar y establecer la conducta debida. Si se viola el cuidado y la práctica de la ley, el doble mensaje se instala y también la “doble moral” -además de una neurosis difícil de combatir-. Somos pero no estamos, estamos pero no somos. Eso y no otra cosa, es la corrupción. Vaciar un banco y fugarse, o desviar los dineros a las Bahamas o a Suiza es apenas la consecuencia material. Corrupción es ser y no ser a la vez, es concebir a las leyes como un decorado y actuar detrás de él, es jugar con la existencia y la dignidad de los seres humanos.

Para terminar con este apartado, deseo memorar con usted este monólogo de Shakespeare en su “Romeo y Julieta” que nos ubicará mejor aún en el tema:

“Llevamos dentro de nosotros dos potencias enemigas: la gracia que viene de Dios  y la voluntad que proviene de nosotros. Cuando la potencia grosera nos domina, la muerte del alma nos devora, la flor se marchita y desaparece”