Inteligencia Artificial

¿Pueden pensar las máquinas?…. el matemático inglés Alan Turing, considerado el padre de la computación, se hizo esa pregunta en un artículo de la revista británica Mind en 1950.
Era un planteo sugerente para la época, mucho más cercano a la ciencia ficción que a la realidad y hoy, casi 70 años después, ese cuestionamiento es obsoleto.
La inteligencia artificial ya pertenece al ámbito de la cotidianidad: los algoritmos en que se basa esta tecnología están presentes cada vez que una plataforma de streaming nos recomienda una serie sobre la base de nuestras elecciones anteriores o cuando recibimos un mensaje del banco consultando si hicimos un gasto con nuestra tarjeta de crédito.
La forma en que producimos, consumimos, comerciamos y trabajamos está cambiando gracias a la inteligencia artificial. Hoy las computadoras pueden procesar grandes volúmenes de información a través de su “comportamiento inteligente”, son capaces de aprender y tomar decisiones de manera similar a las personas.
El desarrollo de algoritmos es cada vez más sofisticado y su uso responsable augura crecimiento económico e innovación, por eso la mayoría de los países de todo el mundo buscan comprender la temática y su potencial. La Argentina no está exenta de este objetivo de generar políticas que guíen un desarrollo responsable y otorguen un marco para la implementación y evolución de la tecnología.
Un caso paradigmático en nuestro país es el de “Entelai”, una plataforma de análisis automatizado de imágenes médicas que procesa diversos estudios clínicos y suministra una imagen integral junto con un reporte detallado. Es el primer caso de un proyecto de inteligencia artificial aprobado por la Administración Nacional de Medicamentos y Tecnología Médica (ANMAT): “La inteligencia artificial es imbatible cuando el trabajo de un humano es descubrir patrones en cuestiones claramente cuantitativas.
Entelai detecta patrones de ciertas patologías, por dar un ejemplo, hasta ahora la imagen de una resonancia de cerebro se registraba a ojo en una pantalla, el especialista debía estudiar cada zona cerebral para encontrar anomalías.
Nosotros generamos programas que permiten hacer este trabajo de forma automática en menos tiempo y con más precisión” explica Diego Fernández Slezak doctor en ciencias de la computación y desarrollador del proyecto junto al médico neurólogo e investigador del Fleni Mauricio Farez. “En una primera etapa, el objetivo era conseguir que la computadora hiciera con más precisión parte de su trabajo y que ellos se pudieran focalizar en realizar el mejor diagnostico posible. Eso termina impactando en el paciente porque un informe con un soporte cuantitativo serio permite darle muchísimos más argumentos sobre por qué se está haciendo tal o cual diagnostico” reflexiona Slezak. Si hace 70 años el mundo científico se cuestionaba si las computadoras podían pensar, hoy el interrogante predominante es muy diferente y está instalado en la Sociedad ¿corremos el riesgo de que las computadoras terminen reemplazando a los humanos?



